Madrid huele a dehesa


La mayoría viven y trabajan en Madrid desde hace décadas, pero ninguno se ha distanciado de sus raíces extremeñas, que ejercen con orgullo y mucho cariño y a las que vuelven en cuanto tienen la mínima oportunidad. Se labraron su futuro en la Comunidad madrileña, y ahora sus hijos, esas segundas generaciones de extremeños en la capital, miran a la tierra natal de sus padres con otros ojos, admirados del avance de la región, a la que algunos no descartan ir a emprender sus profesiones, pese a que piensan que todavía le falta un empujón para que Extremadura se convierta en un completo lugar de referencia.

 

 

 

Francisco José Muñoz es uno de los ejemplos de ya una tercera generación de extremeños empresarios en Madrid. Junto a sus hermanos, Gema, Luis Alfonso -actual Míster España- y sus primos, Rosa, Isabel y Luis Francisco, está al cargo de los conocidos Museos del Jamón. Un negocio que surgió hace 29 años cuando fundaron el primer establecimiento en el madrileño Paseo del Prado, fruto del esfuerzo emprendedor de su abuelo, Marcelo Muñoz Díaz, que llegó a Madrid desde Cabezuela del Valle a finales de los 40, y abrió una frutería en Villaverde, que con el tiempo se transformaría en tienda de alimentación y charcutería.

 

 

 

Hoy los Muñoz tienen 12 Museos del Jamón por todo Madrid, en los que trabajan bastantes extremeños, y una nave, en la zona de Usera, también con tienda y bar, a la que han coronado con el nombre del Valle del Jerte, en recuerdo de sus orígenes, con los que «siempre hemos guardado mucha relación».

 

 

 

De Peñalsordo

 

 

 

Nació hace 59 años en Peñalsordo, pero a los 18 se fue a estudiar Ingeniería Naval a Madrid. Julián Mora, actualmente al frente de la Dirección de la Mutualidad, del Colegio y de la Asociación de ingenieros navales, regresa todos los veranos a su pueblo, al que dice que «no está nada mal llegar» por carretera, y en el que «guardo amigos de la infancia». Su esposa es de la cercana localidad de Cabeza del Buey y a ambos les «encanta dar a conocer todo lo que podamos nuestra tierra». Bromea recordando que su primera bicicleta se la compró en Zarzacapilla, al lado de Peñalsordo, al abuelo de los hermanos ‘Estopa’, a quienes asegura que, pese a la fama, se les sigue viendo cada año por la tierra de sus familiares.

 

 

 

Del mismo pueblo es el bibliófilo y filólogo Alejandro García Galán, que después de vivir años en el extranjero y en distintas ciudades de nuestro país, regresó y se asentó en Madrid, un lugar donde se siente a gusto. Desde aquí creó la Asociación Cultural Beturia, única en editar libros -hasta ahora más de 40-, exclusivamente sobre Extremadura o de autores extremeños.

 

 

 

Trabaja en el Congreso

 

 

 

José Antonio Caballero es, desde hace años, funcionario del departamento de Publicaciones del Congreso de los Diputados, donde asegura «se vive bien» pero, deja claro, «hay mucho trabajo y mucha responsabilidad», aunque la imagen que en ocasiones se ve en los medios de comunicación no corresponda a esta idea.

 

 

 

Nació en Badajoz, pero vivió en Villanueva de la Serena hasta los 9 años en que se traslada con su familia a Madrid. No va con demasiada asiduidad a Extremadura, sólo de vez en cuando a Santa Amalia donde le queda una tía. «No me considero muy regionalista», confiesa, «aunque me siento orgulloso de ser extremeño, porque son muy buenas personas, y además veo el gran avance que se ha producido en la región». Un cambio que choca con sus recuerdos de pequeño cuando en los pueblos «las puertas de las casas estaban abiertas y los mayores se sentaban a tomar el fresco», sin olvidar que cuando va «no queda mucha gente de la que conocí».

 

 

 

Diferente es la relación de Isabel Barba con su localidad natal, Guadalupe, a la que vuelve siempre que puede, «casi todos los fines de semana», en cuanto sale de trabajar de su puesto de camarera en la cafetería de la Cámara Baja. A sus 19 años lleva sólo 1 y medio en Madrid donde llegó para estar con su novio, oriundo de Alía. Está contenta en el Congreso, «los diputados tratan muy bien, la mayoría son muy educados» y bromea asegurando que el precio de un pincho de tortilla es 1,20 euros, y el de un café 70 céntimos.

 

 

 

Por toda la Comunidad

 

 

 

Las áreas de Madrid donde más extremeños se fueron asentando son la zona sur, -Getafe, con aproximadamente 30.000 personas, unos 13.000 nacidos en Extremadura y el resto descendientes, y Móstoles, Alcorcón, Leganés o Fuenlabrada, con cifras similares de población extremeña-, el Corredor de Henares, donde sólo en Alcalá hay unos 25.000, y la zona noroeste de la Comunidad, con 8.000 extremeños que viven en Pozuelo de Alarcón, muchos de ellos procedentes de Madroñera. Pero, en la actualidad, residen por todos los distintos puntos de Madrid. Hay que tener en cuenta que son algo más de 385.000.

 

 

 

José Luis Camacho llegó hace 35 años desde Siruela, que pertenece al partido judicial de Herrera del Duque, como él mismo puntualizó. Estudió Artes Gráficas y, tras trabajar en varias empresas punteras de telefonía móvil, abrió hace 8 años su propia empresa de telecomunicaciones, en la localidad de Alcobendas. Empresario emprendedor tiene, también, un bar de copas en San Agustín de Guadalix.

 

 

 

Vive y trabaja en Madrid, pero va «muchísimo» a Siruela, donde viven sus padres, que volvieron cuando se jubilaron. «Conservo amigos de niño y, por supuesto, el acento», deja claro y «aunque tengo la casa de mis padres, hace 6 meses empecé a construirme allí una con mucha ilusión y cariño, para ir todavía más» con sus hijos, «todos los amigos que quieran llevar a conocerlo» y su mujer que, aunque nació en Antequera «se ha integrado perfectamente en mi tierra».

 

 

 

Parecido apego tiene Francisco Parejo, natural de Guareña, funcionario operador de informática de la Seguridad Social. «Siempre miro para Extremadura» y, además de visitar Mérida, donde vive su madre, cada vez que puede, en Madrid participa del Coro del Hogar extremeño y en el grupo ‘Aires de la Serena’, con el que canta la misa extremeña algunos domingos, -uno de ellos recién emitido por TV2-, comentó satisfecho.

 

 

 

Felisa es también una extremeña veterana en Madrid. Trabaja como empleada de una de las más prestigiosas fruterías de la capital, ‘Tomad Mucha Fruta’, en la calle Fernando VI, desde que llegó con 17 años, hace ya más de 40 desde su Orellana la Vieja natal. Un lugar que venera, donde celebró recientemente su 60 cumpleaños, y en el que se está construyendo una casa. Guarda en el establecimiento donde trabaja un póster de las modernas instalaciones de la Playa Costa Dulce de Orellana la Vieja, que muestra más que orgullosa.

 

 

 

Y de Perales del Puerto es Luis Gorrón, a donde va siempre que puede. Muy vinculado, también, al Hogar Extremeño en cuyo bar estuvo de camarero unos años cuando llegó a Madrid y, tras hacer posteriormente «de todo, vender libros, extintores…», desde hace tiempo trabaja en una asesoría del barrio de Salamanca.

 

 

 

Son algunos de los ejemplos de los miles de extremeños que un día vinieron a Madrid a trabajar, a estudiar, a buscarse un futuro en una ciudad que les acogió bien, porque, aunque con el tiempo se va haciendo más desconfiada y difícil de vivir, no deja de ser la Casa de todos.

 

 

 

Hogar extremeño

 

 

 

Casi todas las distintas localidades de la Comunidad cuentan con una casa regional, pero, sin duda la más tradicional, por su antigüedad, (ha cumplido 102 años), es el Hogar Extremeño, situado en el cuarto piso de Gran Vía 59, en el que se respira el calor y la hospitalidad de la tierra.

 

 

 

Su presidenta Maruja Sánchez Acero, que está al frente de la institución desde hace 22 años, con un pequeño intermedio de 6 años, señala que, como «embajadores de nuestra tierra aquí en Madrid, como los demás presidentes de otros lugares», nuestro objetivo «es dar a conocer nuestra tierra, nuestra gastronomía, nuestro turismo, nuestra nueva región, que bien se representa con la marca Extremadura».

 

 

 

Está muy satisfecha, además de aunar a los extremeños, de cómo la región se ha abierto y avanzado en los últimos años, promoviendo «el retorno de los jóvenes profesionales a Extremadura que cada vez se nota más», como lo ha hecho ya uno de sus cuatro hijos. Natural de Villanueva de la Serena, recuerda que llegó a Madrid el Día de Guadalupe, un 8 de septiembre de hace ya 30 años.

 

 

 

Sabores extremeños

 

 

 

Sara Blázquez, a sus 24 años, está al frente del primer establecimiento de hostelería extremeño que se abrió en Madrid, junto a su tía Pepi, jefa de cocina, que recuerda el primer reportaje publicado sobre él en este periódico hace ya 5 lustros. El restaurante ‘Extremadura’, que fundó su padre ya fallecido, Gabriel Blázquez, oriundo de Jaraicejo, está situado en la calle de la Libertad y fue pionero en comida elaborada con productos traídos directamente desde Extremadura, «una materia prima espectacular que mis padres se encargaban de comprar personalmente, viajando a su tierra todas las semanas, durante años», recuerda. Hoy en día, «seguimos adquiriendo todo allí, pero a través de distribuidores». Un lugar muy acogedor por el que han pasado desde el ex presidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Barjola, Jaime de Jaraíz, Primitivo Rojas, o el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a disfrutar en Madrid de los exquisitos ibéricos extremeños, la torta de Casar, de la Serena, el queso de los Ibores, sus carnes, las picotas del Jerte, higos, o las criadillas de la tierra, migas, cochifrito, regados con vinos de la Ribera del Guadiana o, si se prefiere, de otras denominaciones de origen.

 

 

 

Los que sí sirven solamente vinos extremeños, en todas sus variedades, son los propietarios de las dos Tabernas de Conspiradores, ubicadas en la Cava Baja y en el barrio de las Letras, los hermanos Miguel Ángel, Víctor y Alfredo Amarilla. Un negocio que decidieron montar como homenaje a sus raíces, -sus padres son de Arroyomolinos de Montánchez, «el corazón de Extremadura», como les gusta nombrarlo, y donde se puede tapear a base de magro adobado o frite, solomillos de ibérico con torta de la serena, migas, huevos rotos con ibérico, o ciervo en salsa, entre otras recetas, todas elaboradas con productos extremeños.

 

 

 

Los extremeños en general no olvidan su tierra ni los rincones donde nacieron o lo hicieron sus padres, pero en su mayoría opinan que aunque, de un tiempo a esta parte, Extremadura «ha despertado», «desde la distancia llama la atención que no se saque más partido» a una región con tantísimas potencialidades. Lo dicen evitando «ofender», pero siendo conscientes de que aún queda mucho por hacer en una región que todavía no ha ocupado el lugar que le corresponde.

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