Mañana se presenta ‘Cruz y caudillo. Campo de concentración de Castuera’


Mañana, día 25, a las 19,30 horas, se presenta en el Centro Cultural Alcazaba el libro ‘Cruz y caudillo. Campo de concentración de Castuera’, del historiador Antonio López.

Este acto está organizado por la Delegación de Cooperación al Desarrollo y la Delegación de Educación y Formación del Ayuntamiento de Mérida, y se incluye dentro del programa ‘Unidos en la diversidad’.

En la actualidad, y según explica el Ayuntamiento, se lucha para que el Campo de concentración de Castuera se considere Bien de Interés Cultural. Este trabajo es importante, porque pone de relieve el parecido entre nuestros centros de represión y los campos de concentración nazis.

En la presentación participarán también otros dos historiadores, que nos ayudarán a plantearnos el contexto histórico en el que se desarrolla este lugar de represión.

” Según López Rodríguez, el campo de concentración de Castuera empezó a construirse en marzo de 1939 y se terminó a mediados de marzo de 1940 y, a fecha de 22 de abril de 1939, los historiadores contabilizan 5.950 prisioneros.

Señaló que era ‘un campo en la retaguardia’ que albergaría más tarde buena parte de los prisioneros de otros campos provisionales de la provincia de Badajoz, situados en Casas de Don Pedro, Siruela, Fuenlabrada de los Montes y Castilblanco.

También acogió a prisioneros de la provincia de Ciudad Real (Chillón, Almacén) y otro recluidos en la provincia de Córdoba (Los Blázquez).

Estos campos acogían la llegada de los prisioneros del ejército republicano vencido y los civiles que regresaban a los pueblos.

López describió en su intervención las funciones clave del campo de Castuera: clasificación de la disidencia, reeducación en los valores del nuevo régimen y represión.

Además, destacó las condiciones infrahumanas de estos espacios, lo que provocaba numerosas enfermedades.

A pesar de que la comarca pacense de La Serena sufrió en primera línea la represión, todavía el número de muertes está por concretar, explica este historiador.

La información de la que disponen los investigadores es dispersa, sirviéndose de fuentes orales de supervivientes y familiares y de otras escritas, como los registros civiles y la documentación procedente de los archivos militares generales y de los de justicia, por lo que siguen trabajando, dijo, en la recopilación de datos”.
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