El misterio de la ‘seca’.


Parece mentira que en siglo XXI, cuando el hombre muestra más orgullo por sus avances técnicos y científicos, subsistan problemas como el de la ‘seca’. Se trata de un importante problema para la dehesa, aunque no de la magnitud con el que se ha anunciado en alguna ocasión.

Poco o nada se sabe de ella, pese a las numerosas investigaciones. Los árboles enfermos presentan una serie de síntomas, pero no se sabe a ciencia cierta cuál es el origen de la enfermedad. Provoca un decaimiento generalizado, que comienza con la aparición de puntisecos, amarilleo previo o atabacado de las hojas y defoliación temprana. También se pueden apreciar ramas y ramillas muertas.

Por tanto, al abanico de posibilidades pasa por una serie de agentes parásitos, los condicionantes específicos del suelo, la climatología o el abandono del manejo selvícola. O quizás sea una combinación de todos ellos.

El proceso puede provocar una muerte súbita total o parcial o un decaimiento progresivo que puede acabar con la muerte del árbol en uno o varios años.

También se sabe que los árboles envejecidos están más expuestos, así como los que tienen excesiva copa para la potencialidad del suelo o por daños previos.

Ana Espejo, ingeniera de Montes, que ha colaborado en este proyecto sobre la dehesa, recurre al símil humano. «Es como lo que le sucede a los ancianos. Cuando eres mayor eres más proclive a contraer enfermedades, como la gripe».

Otro estudio realizado en el año 2004 determinó que la seca actúa fundamentalmente en masas monoespecíficas de Quercus ilex (encinas). Los daños son más graves en focos de fácil encharcamiento respecto a otros terrenos mejor drenados.

Algunos expertos han determinado que las grandes sequías han desencadenado secas. En los suelos secos se producen las ‘muertes lentas’. En los suelos hidromorfos, encharcados en una estación y secos en otra, se producen las ‘muertes súbitas’.

Respecto a su ubicación geográfica en la región, la mayor concentración de focos se ha encontrado en la zona de la Sierra de San Pedro, especialmente en el término de Alburquerque, con 28 focos y otros adyacentes.

Le siguen en importancia la zona de las Villuercas-La Siberia, en los términos municipales de Alia y Valdecaballeros, y al sur de la provincia de Badajoz en el término de Olivenza.

Por término medio, cada foco detectado tiene una extensión de 60 hectáreas. Además, se ha llegado a la conclusión de que la superficie de cada una de ellas es inversamente proporcional al número que se ha detectado en el propio entorno.

Por último, frente a los agoreros que hablan de la muerte inminente de la dehesa, hay que recordar que se trata de un fenómeno descrito desde hace más de un siglo.

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