Fiestas locales para el año 2016 en la comarca de la Siberia.


doeRESOLUCIÓN de 16 de noviembre de 2015, de la Dirección General de Trabajo, por la que se hace público el calendario laboral oficial de fiestas locales para la Comunidad Autónoma de Extremadura durante el año 2016.

  • Baterno, 20 de Agosto y 30 de Noviembre
  • Bohonal de los Montes, 1 de Julio y 9 de Septiembre
  • Casas de Don Pedro, 16 de Mayo y 31 de Octubre
  • Castilblanco, 8 de Agosto y 12 de Septiembre
  • Esparragosa de Lares, 28 de Marzo y 27 de Mayo
  • Fuenlabrada de los Montes, 2 de Febrero y 28 de Marzo
  • Garbayuela, 3 de Febrero y 29 de Junio
  • Garlitos, 8 de Febrero y 24de Junio
  • Helechosa de los Montes, 1 de Julio y 9 de Septiembre
  • Herrera del Duque, 13 de Mayo y 12 de Agosto
  • Peloche, 13 de Mayo y 12 de Agosto
  • Peñalsordo, 26 de Mayo y 22 de Agosto
  • Puebla de Alcocer, 29 de Abril y 9 de Septiembre
  • Sancti-Spiritus, 14 de Septiembre y 7 de Octubre
  • Siruela, 3 de Junio y 12 de Septiembre
  • Talarrubias, 29 de Abril y 24 de Agosto
  • Tamurejo, 8 de Agosto y 3 de Octubre
  • Valdecaballeros, 13 de Junio y 29 de Septiembre
  • Villarta de los Montes, 20 de Enero y 9 de Febrero

Tesoros de Extremadura: LA SIBERIA


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La Siberia es una de las comarcas más sorprendentes de Extremadura por la fascinante combinación de sus sierras y dehesas con las grandes extensiones de agua de sus embalses. En La Siberia podemos disfrutar de unos paisajes y una fauna excepcionales, practicar todo tipo de actividades acuáticas en sus cientos de kilómetros de costa dulce y disfrutar con la riqueza del folclore, fiestas y gastronomía que atesoran sus pueblos.

El resto del artículo lo podéis leer en el siguiente enlace http://www.extremaduraturismoblog.com/tesoros-de-extremadura-la-siberia/

La Siberia celebra su gran día


La comarca de La Siberia celebra el próximo domingo 29 la Fiesta de la Jara en Flor con un amplio programa de actos. Las actividades organizadas por el CEDER “La Siberia” y los Ayuntamientos de la comarca comenzarán a las 10.30 de la mañana, con la recepción de autoridades, amenizada por la Banda de Tambores de Talarrubias.

La inauguración y entrega de los Premios Siberia 2012 por parte de las autoridades será a las once de la mañana. A las 11.30 horas comenzarán las actuaciones de la comarca: Coral Unificada Santa Cecilia, Grupo Escándalo (Talarrubias), Grupo Alegría Casareña (Casas de Don Pedro), Grupo de Bailes Regionales de Herrera del Duque, Coros y Danzas “El Calderero” (Navalvillar de Pela), Grupo Folklórico de la Asociación Cultural “Aldaba” (Siruela), junto con las bandas municipales de Música de Casas de Don Pedro, Herrera del Duque, y Talarrubias.

A las 16.30 horas comenzará la Orquesta Arroyo (Casas de Don Pedro).

A partir de las 18.00 horas el dúo musical Los Sabineros inicia su actuación. La verbena popular continuará a las 18.45 horas y sobre las 20.30 horas saldrán los autobuses con destino a sus municipios. Habrá actividades paralelas multiaventura (paseos en barco por el pantano de García Sola, piragüismo, tirolina y tiro con arco que se desarrollarán en el Centro de Ocio Puerto Peña) e infantiles (ludoteca, talleres de henna, maquillaje de cara, animación, ginkanas, circuito de quads, hinchables y superjumper).

Aprovechando la jornada se realizará una Exposición del III Concurso Fotográfico Comarca de la Siberia, Observación de Aves desde el Centro de Interpretación de la Fauna Rupícola de Puerto Peña, así como visitas guiadas a los viveros de la Confederación Hidrográfica del Guadiana.

Cada media hora habrá un circuito de autobuses para conectar el Poblado de Puerto Peña con el Centro de Ocio y el Camping. Todas las actividades infantiles y multiaventura estarán disponibles de 11.30 a 14.00 horas y de 16.00 a 20.00 horas.

AQUI se puede consultar el programa completo.

Peñalsordo, en la frontera de La Mancha


Sinforiana deja sobre la mesa la olla con el cocido y anima a los comensales: «Sírvanse ustedes, que yo para lo fino es que no valgo». Los garbanzos de este cocido son gloria bendita y los han cultivado en la finca El Naranjo. Aquí mismo, en Peñalsordo… Curioso nombre el de este pueblo… El cocido de Sinforiana lleva también oreja de cerdo, hueso de jamón, morcilla de lustre, en fin, lo propio en Extremadura con un añadido peculiar de estas tierras, la tortilla: un preparado a base de jamón, perejil, huevo y miga de pan que lo mismo se le echa a las habichuelas que a las lentejas o a estos garbanzos de El Naranjo.

Estamos alejados de casi todo. En Extremadura, sí, pero a más de dos horas de Cáceres y Badajoz. La Mancha queda ahí al lado, a la vuelta del Peñón Pez, un montículo insolente y poderoso en cuya cima, dicen, hay un charco en forma de pez. Peñalsordo está donde La Serena quiere ser La Siberia. Se encuentra en tierra de pantanos, a un paso del agua inabarcable.

Según el censo de 2005, cuenta con 1.343 habitantes. Esta zona suroriental de Extremadura es la que más habitantes pierde en la región. Entre 2000 y 2005, Castilblanco vio cómo su población disminuía un 17’3%, en Puebla de Alcócer caía un 14%, un 10’5% descendía en Valdecaballeros y Peñalsordo se convertía en el tercer pueblo con más descenso porcentual de la provincia: un 11’2%.

La vida por aquí nunca ha sido fácil. Basta escuchar a Sinforiana narrar su vida: «Mi madre me parió en el campo, sin ayuda ninguna. Vivíamos en la finca La Yunta, en la Casita del Águila, por la carretera de Almadén, a la izquierda después de pasar Capilla. Mis abuelos y mis padres fueron pastores de ovejas y yo viví en un chozo hasta que me casé».

Sinforiana Jiménez tiene 71 años. Su marido, Faustino Aliseda, ha cumplido los 72. Esta mañana de invierno varean juntos la aceituna de su olivar en compañía de su hija Teresa y su yerno Cándido. Después, el cocido. «Coman, coman con nosotros, ahí tienen un plato y sírvanse ustedes, que yo para lo fino no valgo». La finca tiene una casita muy apañada con chimenea y habitaciones. En una repisa, un transistor Lavis: pieza de museo. En lo alto, 300 botes de conservas caseras hechas por Sinforiana: de tomate crudo para guisar y de peras en almíbar y en agua para el postre.

«El año pasado recogimos 5.400 kilos de aceitunas, el anterior, 8.400 y este, ya veremos», detalla Faustino. Después, se acuerda de su padre, que era conductor de coches en la fábrica de harina. «Se murió muy joven, a los 28 años, del ‘mal dulce’, la diabetes. Yo tenía tres añitos. Mi madre se casó por segunda vez y a los nueve años, mi padrastro me llevó con él a trabajar de albañil. Y así hasta que me jubilé».

Sinforiana y Faustino se conocieron con 13 años, ella, y con 14, él. Aunque no hablan de conocerse. Dicen: «Nos empezamos a mirar». «Viví siempre en el campo. Solo fui un mes a la escuela, aunque escribo y leo; mal, pero lo hago», explica Sinforiana su aprendizaje de las letras antes de relatar su aprendizaje del amor: «Yo estaba en la finca haciendo queso y él vino a hacer una obra. Los mayores nos decían que íbamos para novios. En vez de reñirnos, encendían el fuego, pero solo con la mirada. Y así hasta que nos casamos a los 23 años».

Después, los hijos: Teresa, que trabaja en el ayuntamiento de Peñalsordo o de cocinera o limpiando casas… Y Faustino, trabajador social en el ayuntamiento de Badajoz. Vareando aceituna y reparando fuerzas con el cocido también está Cándido, el yerno, que es agente forestal y recuerda contar a su padre que en la posguerra iba por las casas pidiendo algo de pringue para la comida.

Años durísimos en la Extremadura alejada y fronteriza, casi manchega. Sinforiana ayudaba a la economía familiar confeccionando cojines. «Un hombre traía las telas y 100 mujeres de Peñalsordo hacíamos la costura. También cosíamos vestidos de ‘mariquita’ para las niñas».

El camino del azogue

Los hombres trabajaban de albañiles, en las huertas de la vega o en las minas de mercurio de Almadén. La mina ha marcado indirectamente la historia y la economía de Peñalsordo. Por el pueblo pasaba el camino del azogue por donde se llevaba este material y otros minerales desde Almadén hasta Córdoba y Sevilla. Siglos después, ya en el XX, el mercurio atrajo a peñalsordeños esforzados y resistentes como los Piqueras, Juan el Legionario o El Tremendo. Sus apodos lo dicen todo. Ganaban dinero porque entraban donde nadie entraba y barrenaban donde nadie barrenaba. «Eso se pagaba bien porque era arriesgado, pero no perdieron la salud aun con 80 años», se admira Cándido.

En la época del mercurio, las carreteras a Castuera, Don Benito o Badajoz eran infernales y el pueblo vivía más volcado hacia La Mancha. Los peñalsordeños iban a Almadén con la mejor fruta de sus huertas, que allí pagaban muy bien, sobre todo a primeros de mes. «En Almadén, los mineros tenían fama de gastar el diero como llegaba y aún siguen teniendo esa fama: a principios de mes, tienen mucho mercadillo, a finales, nada», ironiza Teresa.

Quien no iba a la mina ni tenía posibilidades en el pueblo, emigraba. Dicen que en Hospitalet hay más de Peñalsordo que en el propio pueblo. Hubo algo de emigración a Madrid, bastante a las ciudades extremeñas y poca o casi nada a las cercanas Córdoba y Ciudad Real. «Si es que aquí nunca nos hemos sentido andaluces ni manchegos, aunque estemos a un paso, siempre hemos sido muy extremeños», proclaman con orgullo los Aliseda.

Los vaivenes de la vida trajeron el pantano de La Serena a Peñalsordo y el fin de la abundancia a Almadén. Las minas de mercurio cerraron y las vegas feraces fueron inundadas por el pantano. Las expropiaciones se pagaron bien, pero el dinero se invirtió fuera del pueblo.

Hoy, en Peñalsordo se vive de la ganadería (muchas ovejas y algunas vacas) y de las pagas de jubilación. No hay cooperativa y la aceituna se vende en Cabeza del Buey, donde se encuentran también el centro de salud y el instituto. Las compras antes se hacían en Almadén, ahora se va más a Ciudad Real, «que ha crecido mucho», o a Don Benito, «que tardamos más o menos lo mismo».

Se quejan en Peñalsordo de que desde que han de acudir al hospital de Talarrubias, tienen problemas de combinación. «Hay que coger el coche o un taxi. Eso sí, te atienden muy bien. Pero no tenemos autobús. Sí salen a las 5’30 y a las 7’30 horas autocares a Don Benito y Badajoz y hay línea a Cáceres y Córdoba desde Cabeza del Buey, además de ferrocarril».

Peñalsordo, sin embargo, no parece estancado y, sobre todo, alberga una esperanza que puede suponer para el pueblo lo que ya supuso el camino del azogue. Se trata de la autovía de Levante, que, aseguran, pasará a un par de kilómetros del pueblo «y lo cambiará todo». Con la autovía llegará el turismo. Mientras tanto, se ha instalado un embarcadero en el pantano, pero con tan mala fortuna o visión que los pantalanes se han colocado en una zona de poco calado y las barcas encallan.

A la entrada de la localidad hay una fábrica de jamones y en el polígono industrial funcionan tres industrias o almacenes. Cuenta Peñalsordo con tres bancos y dicen que en el pueblo solo hay cuatro o cinco grandes capitales, aunque lo de Afinsa ha hecho mucho daño. «Ha enganchado a mucha gente», lamenta Faustino.

Opina Sinforiana que en el pueblo, antes, había más diferencias sociales. «Se notaba mucho quién era rico o pobre por el vestir. Además, en los bailes de La Paloma y ‘An C’a Villalón’ los medio ricos se apartaban de nosotros, de los medio pobres».

Hoy, los Aliseda no son ricos, pero sí se han convertido en un ejemplo de familia rural extremeña que progresa a base de esfuerzo. La abuela nació en un chozo y el abuelo era albañil a los nueve años, pero la vida de sus nietos es muy diferente. Faus, el varón, es técnico de sonido y trabaja en productoras de televisión, además de ser un reconocido Dj extremeño.

Su hermana Ana Isabel estudia Trabajo Social en Sevilla. María Teresa, la hija mayor de Teresa y Cándido es educadora social y Diana, la menor, sacó Matrícula de Honor en Bachillerato y hace Fisioterapia en Badajoz. Además, las dos han sido reinas de las fiestas de Peñalsordo. Sinforiana ofrece cocido y avisa humilde: «Sírvanse, que yo para lo fino es que no valgo». Pero en su mirada brilla un orgullo de familia.

Madrid huele a dehesa


La mayoría viven y trabajan en Madrid desde hace décadas, pero ninguno se ha distanciado de sus raíces extremeñas, que ejercen con orgullo y mucho cariño y a las que vuelven en cuanto tienen la mínima oportunidad. Se labraron su futuro en la Comunidad madrileña, y ahora sus hijos, esas segundas generaciones de extremeños en la capital, miran a la tierra natal de sus padres con otros ojos, admirados del avance de la región, a la que algunos no descartan ir a emprender sus profesiones, pese a que piensan que todavía le falta un empujón para que Extremadura se convierta en un completo lugar de referencia.

 

 

 

Francisco José Muñoz es uno de los ejemplos de ya una tercera generación de extremeños empresarios en Madrid. Junto a sus hermanos, Gema, Luis Alfonso -actual Míster España- y sus primos, Rosa, Isabel y Luis Francisco, está al cargo de los conocidos Museos del Jamón. Un negocio que surgió hace 29 años cuando fundaron el primer establecimiento en el madrileño Paseo del Prado, fruto del esfuerzo emprendedor de su abuelo, Marcelo Muñoz Díaz, que llegó a Madrid desde Cabezuela del Valle a finales de los 40, y abrió una frutería en Villaverde, que con el tiempo se transformaría en tienda de alimentación y charcutería.

 

 

 

Hoy los Muñoz tienen 12 Museos del Jamón por todo Madrid, en los que trabajan bastantes extremeños, y una nave, en la zona de Usera, también con tienda y bar, a la que han coronado con el nombre del Valle del Jerte, en recuerdo de sus orígenes, con los que «siempre hemos guardado mucha relación».

 

 

 

De Peñalsordo

 

 

 

Nació hace 59 años en Peñalsordo, pero a los 18 se fue a estudiar Ingeniería Naval a Madrid. Julián Mora, actualmente al frente de la Dirección de la Mutualidad, del Colegio y de la Asociación de ingenieros navales, regresa todos los veranos a su pueblo, al que dice que «no está nada mal llegar» por carretera, y en el que «guardo amigos de la infancia». Su esposa es de la cercana localidad de Cabeza del Buey y a ambos les «encanta dar a conocer todo lo que podamos nuestra tierra». Bromea recordando que su primera bicicleta se la compró en Zarzacapilla, al lado de Peñalsordo, al abuelo de los hermanos ‘Estopa’, a quienes asegura que, pese a la fama, se les sigue viendo cada año por la tierra de sus familiares.

 

 

 

Del mismo pueblo es el bibliófilo y filólogo Alejandro García Galán, que después de vivir años en el extranjero y en distintas ciudades de nuestro país, regresó y se asentó en Madrid, un lugar donde se siente a gusto. Desde aquí creó la Asociación Cultural Beturia, única en editar libros -hasta ahora más de 40-, exclusivamente sobre Extremadura o de autores extremeños.

 

 

 

Trabaja en el Congreso

 

 

 

José Antonio Caballero es, desde hace años, funcionario del departamento de Publicaciones del Congreso de los Diputados, donde asegura «se vive bien» pero, deja claro, «hay mucho trabajo y mucha responsabilidad», aunque la imagen que en ocasiones se ve en los medios de comunicación no corresponda a esta idea.

 

 

 

Nació en Badajoz, pero vivió en Villanueva de la Serena hasta los 9 años en que se traslada con su familia a Madrid. No va con demasiada asiduidad a Extremadura, sólo de vez en cuando a Santa Amalia donde le queda una tía. «No me considero muy regionalista», confiesa, «aunque me siento orgulloso de ser extremeño, porque son muy buenas personas, y además veo el gran avance que se ha producido en la región». Un cambio que choca con sus recuerdos de pequeño cuando en los pueblos «las puertas de las casas estaban abiertas y los mayores se sentaban a tomar el fresco», sin olvidar que cuando va «no queda mucha gente de la que conocí».

 

 

 

Diferente es la relación de Isabel Barba con su localidad natal, Guadalupe, a la que vuelve siempre que puede, «casi todos los fines de semana», en cuanto sale de trabajar de su puesto de camarera en la cafetería de la Cámara Baja. A sus 19 años lleva sólo 1 y medio en Madrid donde llegó para estar con su novio, oriundo de Alía. Está contenta en el Congreso, «los diputados tratan muy bien, la mayoría son muy educados» y bromea asegurando que el precio de un pincho de tortilla es 1,20 euros, y el de un café 70 céntimos.

 

 

 

Por toda la Comunidad

 

 

 

Las áreas de Madrid donde más extremeños se fueron asentando son la zona sur, -Getafe, con aproximadamente 30.000 personas, unos 13.000 nacidos en Extremadura y el resto descendientes, y Móstoles, Alcorcón, Leganés o Fuenlabrada, con cifras similares de población extremeña-, el Corredor de Henares, donde sólo en Alcalá hay unos 25.000, y la zona noroeste de la Comunidad, con 8.000 extremeños que viven en Pozuelo de Alarcón, muchos de ellos procedentes de Madroñera. Pero, en la actualidad, residen por todos los distintos puntos de Madrid. Hay que tener en cuenta que son algo más de 385.000.

 

 

 

José Luis Camacho llegó hace 35 años desde Siruela, que pertenece al partido judicial de Herrera del Duque, como él mismo puntualizó. Estudió Artes Gráficas y, tras trabajar en varias empresas punteras de telefonía móvil, abrió hace 8 años su propia empresa de telecomunicaciones, en la localidad de Alcobendas. Empresario emprendedor tiene, también, un bar de copas en San Agustín de Guadalix.

 

 

 

Vive y trabaja en Madrid, pero va «muchísimo» a Siruela, donde viven sus padres, que volvieron cuando se jubilaron. «Conservo amigos de niño y, por supuesto, el acento», deja claro y «aunque tengo la casa de mis padres, hace 6 meses empecé a construirme allí una con mucha ilusión y cariño, para ir todavía más» con sus hijos, «todos los amigos que quieran llevar a conocerlo» y su mujer que, aunque nació en Antequera «se ha integrado perfectamente en mi tierra».

 

 

 

Parecido apego tiene Francisco Parejo, natural de Guareña, funcionario operador de informática de la Seguridad Social. «Siempre miro para Extremadura» y, además de visitar Mérida, donde vive su madre, cada vez que puede, en Madrid participa del Coro del Hogar extremeño y en el grupo ‘Aires de la Serena’, con el que canta la misa extremeña algunos domingos, -uno de ellos recién emitido por TV2-, comentó satisfecho.

 

 

 

Felisa es también una extremeña veterana en Madrid. Trabaja como empleada de una de las más prestigiosas fruterías de la capital, ‘Tomad Mucha Fruta’, en la calle Fernando VI, desde que llegó con 17 años, hace ya más de 40 desde su Orellana la Vieja natal. Un lugar que venera, donde celebró recientemente su 60 cumpleaños, y en el que se está construyendo una casa. Guarda en el establecimiento donde trabaja un póster de las modernas instalaciones de la Playa Costa Dulce de Orellana la Vieja, que muestra más que orgullosa.

 

 

 

Y de Perales del Puerto es Luis Gorrón, a donde va siempre que puede. Muy vinculado, también, al Hogar Extremeño en cuyo bar estuvo de camarero unos años cuando llegó a Madrid y, tras hacer posteriormente «de todo, vender libros, extintores…», desde hace tiempo trabaja en una asesoría del barrio de Salamanca.

 

 

 

Son algunos de los ejemplos de los miles de extremeños que un día vinieron a Madrid a trabajar, a estudiar, a buscarse un futuro en una ciudad que les acogió bien, porque, aunque con el tiempo se va haciendo más desconfiada y difícil de vivir, no deja de ser la Casa de todos.

 

 

 

Hogar extremeño

 

 

 

Casi todas las distintas localidades de la Comunidad cuentan con una casa regional, pero, sin duda la más tradicional, por su antigüedad, (ha cumplido 102 años), es el Hogar Extremeño, situado en el cuarto piso de Gran Vía 59, en el que se respira el calor y la hospitalidad de la tierra.

 

 

 

Su presidenta Maruja Sánchez Acero, que está al frente de la institución desde hace 22 años, con un pequeño intermedio de 6 años, señala que, como «embajadores de nuestra tierra aquí en Madrid, como los demás presidentes de otros lugares», nuestro objetivo «es dar a conocer nuestra tierra, nuestra gastronomía, nuestro turismo, nuestra nueva región, que bien se representa con la marca Extremadura».

 

 

 

Está muy satisfecha, además de aunar a los extremeños, de cómo la región se ha abierto y avanzado en los últimos años, promoviendo «el retorno de los jóvenes profesionales a Extremadura que cada vez se nota más», como lo ha hecho ya uno de sus cuatro hijos. Natural de Villanueva de la Serena, recuerda que llegó a Madrid el Día de Guadalupe, un 8 de septiembre de hace ya 30 años.

 

 

 

Sabores extremeños

 

 

 

Sara Blázquez, a sus 24 años, está al frente del primer establecimiento de hostelería extremeño que se abrió en Madrid, junto a su tía Pepi, jefa de cocina, que recuerda el primer reportaje publicado sobre él en este periódico hace ya 5 lustros. El restaurante ‘Extremadura’, que fundó su padre ya fallecido, Gabriel Blázquez, oriundo de Jaraicejo, está situado en la calle de la Libertad y fue pionero en comida elaborada con productos traídos directamente desde Extremadura, «una materia prima espectacular que mis padres se encargaban de comprar personalmente, viajando a su tierra todas las semanas, durante años», recuerda. Hoy en día, «seguimos adquiriendo todo allí, pero a través de distribuidores». Un lugar muy acogedor por el que han pasado desde el ex presidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra, Barjola, Jaime de Jaraíz, Primitivo Rojas, o el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a disfrutar en Madrid de los exquisitos ibéricos extremeños, la torta de Casar, de la Serena, el queso de los Ibores, sus carnes, las picotas del Jerte, higos, o las criadillas de la tierra, migas, cochifrito, regados con vinos de la Ribera del Guadiana o, si se prefiere, de otras denominaciones de origen.

 

 

 

Los que sí sirven solamente vinos extremeños, en todas sus variedades, son los propietarios de las dos Tabernas de Conspiradores, ubicadas en la Cava Baja y en el barrio de las Letras, los hermanos Miguel Ángel, Víctor y Alfredo Amarilla. Un negocio que decidieron montar como homenaje a sus raíces, -sus padres son de Arroyomolinos de Montánchez, «el corazón de Extremadura», como les gusta nombrarlo, y donde se puede tapear a base de magro adobado o frite, solomillos de ibérico con torta de la serena, migas, huevos rotos con ibérico, o ciervo en salsa, entre otras recetas, todas elaboradas con productos extremeños.

 

 

 

Los extremeños en general no olvidan su tierra ni los rincones donde nacieron o lo hicieron sus padres, pero en su mayoría opinan que aunque, de un tiempo a esta parte, Extremadura «ha despertado», «desde la distancia llama la atención que no se saque más partido» a una región con tantísimas potencialidades. Lo dicen evitando «ofender», pero siendo conscientes de que aún queda mucho por hacer en una región que todavía no ha ocupado el lugar que le corresponde.

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