Continúan los trabajos para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura


Estas intervenciones no suelen estar condicionadas por la urgencia de, por ejemplo, las obras públicas. Abarcan cronologías y culturas muy amplias, desde intervenciones en cuevas, a la búsqueda de nuestros ancestros más remotos, hasta prospecciones en el Campo de Concentración de Castuera.

En ese ámbito de la historia reciente de España se encuadran las actuaciones que, desde julio a septiembre, coordina el Proyecto para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura (PReMHEx), que cuenta con el apoyo presupuestario de la Consejería de Educación y Cultura, concretamente este año 2012 destina una partida presupuestaria de 79.000 euros.

Asimismo, cuenta con ayuda logística, ya que el PReMHEx dispone para sus desplazamientos de vehículos de la Administración autonómica. Tiene además el apoyo de sus asesores jurídicos y la asistencia, en algunos yacimientos, de topógrafos de la Dirección General de Patrimonio Cultural para realizar las oportunas planimetrías.

Las intervenciones durante este verano tachonan la provincia de Badajoz, así se están realizando, o están próximas a iniciarse, excavaciones en la finca ‘Las Cabezuelas’, en el término municipal de Castilblanco.

En este paraje, testimonios orales indican que fueron fusiladas seis personas; en Puebla de Alcocer se están llevando a cabo trabajos de excavación en dos fosas para la exhumación de los fusilados en mayo de 1939; en Fregenal de la Sierra, concretamente en la parte central del cementerio donde se localizaron en la campaña de 2010 varias fosas comunes que ahora van a ser excavadas; también se va a realizar la búsqueda de una fosa en el término de Mérida donde fueron inhumados vecinos de Arroyo de San Serván y se practicarán varios sondeos en el Cementerio de Castuera, tanto en el denominado Cementerio Viejo como en el Nuevo.

En esta última localidad, además, resultan de gran interés las prospecciones y sondeos que un equipo del CSIC, dirigidos por Alfredo González Ruibal, llevará a cabo en el lugar en el que se erigió un Campo de Concentración entre abril de 1939 y marzo de 1940.

El terreno de este paraje, declarado Bien de Interés Cultural, no ha sufrido alteraciones significativas a lo largo del tiempo. Es, pues, un lugar adecuado para hacer acopio de datos que permitan, por un lado, reconstruir la disposición de los elementos que integraron dicho campo y, por otro, acercarnos a la vida cotidiana de las gentes que lo habitaron.

Este año abrirán y documentarán una docena de fosas de fusilados en la región


La foto de un sencillo lapicero sirvió ayer para reivindicar «verdad, justicia y reparación» para las miles de víctimas de la represión franquista que aún yacen sin nombre en cientos de pozos, cunetas, minas, agujeros y parajes apartados en toda España, recordó ayer en Badajoz Francisco Etxebarría en el transcurso de un congreso internacional sobre lo ocurrido en Extremadura desde el fin de la Guerra Civil hasta nuestros días.

«Este lapicero- hallado en una de las fosas excavadas por Etxebarría en el País Vasco- nos pide que contemos la historia» destacó Etxebarría, que advirtió que en cada pueblo de España hay una fosa, o «toda España es una fosa».

Con esta idea se lleva trabajando en Extremadura desde hace seis años con el Proyecto de la Memoria Histórica, que lleva localizadas, excavadas, y documentadas una veintena de fosas en la región y que proyecta abrir otra docena este año, anunció ayer su coordinador Cayetano Ibarra.

Inmediatas

De forma inmediata, y probablemente después de Semana Santa, se abrirán las que están ya localizadas, y confirmadas por un georadar en Bodonal de Ibor, Cadalso, Puebla de Alcocer, y Villasbuenas de Gata.

En la fosa de Bodonal de Ibor, donde ya se han recogido casquillos de bala, los investigadores esperan encontrar los restos de tres vecinos de una aldea cercana, y que estaban emparentados entre sí (dos hermanos y un tío).

En Cadalso confían hallar vestigios del alcalde republicano de la localidad, que fue asesinado y enterrado en una fosa junto a otro vecino.

Como curiosidad, Cayetano Ibarra destacó que esta fosa se encuentra en medio de una finca particular, propiedad del actual alcalde de Collado, que es del PP.

«En este caso concreto no hemos pasado el georadar. El alcalde nos ha enseñado el lugar exacto que conoce bien porque, de toda la vida, su padre le ha dicho dónde estaba», comenta Ibarra con satisfacción.

En Villasbuenas de Gata se quiere abrir tres fosas ya localizadas y documentadas, en las que se espera encontrar también los restos de vecinos de pueblos de alrededor que fueron trasladados hasta ese enclave.

También se intervendrá de forma inmediata en Puebla de Alcocer, donde se actuará en dos fosas que se corresponden con dos antiguas trincheras de la Guerra Civil, y que fueron utilizadas como tumba improvisada de muchos fusilados. Con todas las cautelas, los investigadores del Proyecto estiman que podrían encontrar en ellas los restos de medio centenar de personas.

Cuatro más

En la actualidad, también se está gestionando conseguir los permisos para intervenir en otras cuatro fosas más situadas en Zorita, Fregenal, y Escurial.

La de Zorita está localizada en un pasillo asfaltado del cementerio de la localidad, en el que diversos testimonios aseguran que fueron enterrados 14 vecinos de la vecina Garciaz.

En Escurial se pretende excavar otras dos fosas: una en la que se previsiblemente encuentra el cuerpo de un vecino que fue tiroteado por el capitán Gómez Cantos «casi de broma, por una apuesta», contó ayer Cayetano Ibarra; y otra situada en la dehesa boyal ‘Los Arenales’, en la que podrían encontrarse los cuerpos de vecinos fusilados en otros pueblos.

Además de estas excavaciones, ya programadas, este año podrían abordarse otros proyectos si se agilizan los trámites y la investigación de otras fosas pendientes, como la de Feria, donde ya se ha desarrollado todo el proceso previo de documentación.

Cada una de estas investigaciones puede durar meses, y el hallazgo de restos no está además garantizado, advierte Ibarra, que ya cuenta con la suficiente experiencia como para abordar todos estos temas con prudencia.

El año pasado, por ejemplo, de todas las excavaciones realizadas, sólo en cinco se encontraron restos, y no siempre los esperados: en Salvatierra de los Barros se hallaron cuatro cuerpos; en Villar del Rey se buscaba a seis, y sólo se encontraron los restos de dos y medio; en Llerena aparecieron alrededor de 40; y en Mérida, al lado del Cementerio, sólo se halló los restos de la parte superior de un cuerpo.

Mérida resultó, en cierto modo decepcionante por todas las expectativas creadas en los años anteriores a la excavación, pero la investigación sirvió para confirmar que allí se habían enterrado los cadáveres de muchos fusilados en las tapias del Cementerio, que fueron luego incinerados; y que años después fueron desenterrados, como aseguraban numerosos testimonios.

Dificultades

Hasta el momento, el Proyecto de la Memoria Histórica lleva recibidas 300 peticiones de familiares que quieren saber dónde se encuentran los desaparecidos.

En muchos casos, advierte Ibarra, no se podrán recuperar o hallar jamás sus cuerpos por muchos esfuerzos que se hagan.

El mismo Etxebarría alertó ayer de las dificultades que ofrece el trabajo de excavación e investigación de fosas en Extremadura por la acidez del terreno, y su composición granítica, que deteriora mucho los restos óseos.

Mientras tanto, los investigadores siguen ahondando en diverso aspectos de la represión, y algunos de los últimos estudios fueron presentados ayer en el Congreso Internacional, que termina hoy.

Juan Ángel Ruiz Rodríguez habló, por ejemplo, de los 253 vecinos que fallecieron en Castuera víctimas de la represión, muchas de ellas mujeres: 182 del bando republicano, y 71, nacionales.

La portuguesa Maria Dulce Antunes avanzó sus estudios sobre la relación entre Portugal y los que huían de Andalucía y Extremadura, y José Hinojosa se centró en el PCE de Cáceres en 1936, que en ningún caso se preocupaba entonces de iniciar «la revolución», advirtió el historiador.

Mañana se presenta ‘Cruz y caudillo. Campo de concentración de Castuera’


Mañana, día 25, a las 19,30 horas, se presenta en el Centro Cultural Alcazaba el libro ‘Cruz y caudillo. Campo de concentración de Castuera’, del historiador Antonio López.

Este acto está organizado por la Delegación de Cooperación al Desarrollo y la Delegación de Educación y Formación del Ayuntamiento de Mérida, y se incluye dentro del programa ‘Unidos en la diversidad’.

En la actualidad, y según explica el Ayuntamiento, se lucha para que el Campo de concentración de Castuera se considere Bien de Interés Cultural. Este trabajo es importante, porque pone de relieve el parecido entre nuestros centros de represión y los campos de concentración nazis.

En la presentación participarán también otros dos historiadores, que nos ayudarán a plantearnos el contexto histórico en el que se desarrolla este lugar de represión.

” Según López Rodríguez, el campo de concentración de Castuera empezó a construirse en marzo de 1939 y se terminó a mediados de marzo de 1940 y, a fecha de 22 de abril de 1939, los historiadores contabilizan 5.950 prisioneros.

Señaló que era ‘un campo en la retaguardia’ que albergaría más tarde buena parte de los prisioneros de otros campos provisionales de la provincia de Badajoz, situados en Casas de Don Pedro, Siruela, Fuenlabrada de los Montes y Castilblanco.

También acogió a prisioneros de la provincia de Ciudad Real (Chillón, Almacén) y otro recluidos en la provincia de Córdoba (Los Blázquez).

Estos campos acogían la llegada de los prisioneros del ejército republicano vencido y los civiles que regresaban a los pueblos.

López describió en su intervención las funciones clave del campo de Castuera: clasificación de la disidencia, reeducación en los valores del nuevo régimen y represión.

Además, destacó las condiciones infrahumanas de estos espacios, lo que provocaba numerosas enfermedades.

A pesar de que la comarca pacense de La Serena sufrió en primera línea la represión, todavía el número de muertes está por concretar, explica este historiador.

La información de la que disponen los investigadores es dispersa, sirviéndose de fuentes orales de supervivientes y familiares y de otras escritas, como los registros civiles y la documentación procedente de los archivos militares generales y de los de justicia, por lo que siguen trabajando, dijo, en la recopilación de datos”.
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