El paro baja un 0.51 % durante MARZO ( 2012 ) en Valdecaballeros


Extremadura deslindará este mes la cañada real leonesa oriental en la provincia de Badajoz


La Consejería de Agricultura y Desarrollo Rural inicia este mes las operaciones para determinar los límites de la vía pecuaria Cañada Real Leonesa Oriental, en un recorrido de 58 kilómetros en diferentes términos municipales de la provincia de Badajoz. Además, está previsto continuar esta actuación en los términos de Alía y Cañamero, en la provincia de Cáceres, a lo largo de otros 54 kilómetros, lo que da un total de 112 kilómetros.

Dichas operaciones en la Cañada Real Leonesa Oriental se denominan amojonamiento y consisten en el procedimiento administrativo en virtud del cual, una vez aprobado el deslinde, se determinan físicamente los límites de las vías pecuarias y se señalan con carácter permanente.

En concreto, este amojonamiento afectará a los términos municipales de Castilblanco, Valdecaballeros, Talarrubias, Puebla de Alcocer, Esparragosa de Lares y Campanario, todos en la provincia de Badajoz. La Consejería de Agricultura y Desarrollo Rural notificará el comienzo de estas operaciones materiales a todos los interesados.

Esta actuación es una más de las tareas que lleva a cabo la Consejería de Agricultura y Desarrollo Rural para el deslinde y amojonamiento de la red regional de vías pecuarias.

El objetivo es la adecuada gestión de estos bienes públicos y, por tanto, revitalizar el uso de estas vías como soporte para distintos tipos de actividades compatibles y complementarias con el tránsito ganadero, con el fin de que las vías pecuarias se conviertan en espacios activos y multifuncionales, donde se pueda practicar el senderismo o hacer rutas a caballo.

Extremadura está atravesada por seis grandes cañadas, que tienen una anchura de 75 metros. Entre ellas, la Cañada Real Leonesa Oriental nace en la provincia de León, prácticamente en sus linderos con Asturias, y atraviesa las provincias de León, Palencia, Valladolid, Ávila y Toledo, hasta llegar a las de Cáceres y Badajoz.

Lugares olvidados: Central Nuclear de Valdecaballeros


Gracias a diós, aquí no hubo ningún accidente nuclear porque la central nuclear nunca llegó a entrar en funcionamiento. El por qué no llegó a funcionar lo veremos a continuación.

UN POCO DE HISTORIA

En la décadas de los 70 y 80 del anterior siglo, a raíz de algunos accidentes en diversas centrales de Estados Unidos y sobretodo el gran desastre ecológico y humano que supuso la tragedia de Chernobyl , un sector de la comunidad científica, el creciente movimiento ecologista y muchas otras voces alertaron del peligro que para la población y el medio ambiente en general, suponían las actividades que implicaban la fisión atómica, por los riesgos de fugas radioactivas, accidentes en los generadores, o la compleja gestión de los residuos.

La opinión pública reaccionó y llevó a varios gobiernos a plantearse la detención, ya que no la finalización de los programas nucleares en curso. A esa “parada temporal” de los programas se le denominó moratoria nuclear, ya que no implicaba el cierre de instalaciones activas, sino únicamente la paralización de las centrales que se estaban construyendo, esto es, no construir más centrales y dejar únicamente las que ya había construidas.

A partir de 1950 se produce en España un gran interés en la energía nuclear con que en la década de 1960 da lugar a la ley de energía nuclear y a la primera central de este tipo en Zorita. A ésta le siguieron Garoña, Vandellós I, Ascó, etc., propiedades todas ellas de las grandes eléctricas del país (Unión Fenosa, Iberdrola y Endesa).

Tras la llegada en 1982 al poder del PSOE se suspendieron los ambiciosos programas de energía nuclear ya que la presión social había hecho incluir esta suspensión en el programa electoral de ese partido, entre otros. En 1991, se paralizan, siendo posteriormente suspendidas, las obras de 4 centrales nucleares proyectadas (Lemoniz, Valdecaballeros y Trillo II). Las pérdidas fueron multimillonarias dadas las tremendas inversiones que habían tenido que realizar las eléctricas, y que ahora no podrían obtener beneficios al haberse anulado los permisos.

Esperamos que con el tiempo podamos traer reportajes de las demás centrales paralizadas, hasta entonces esperamos que disfruteis con este reportaje de la central de Valdecaballeros.

El misterio de la ‘seca’.


Parece mentira que en siglo XXI, cuando el hombre muestra más orgullo por sus avances técnicos y científicos, subsistan problemas como el de la ‘seca’. Se trata de un importante problema para la dehesa, aunque no de la magnitud con el que se ha anunciado en alguna ocasión.

Poco o nada se sabe de ella, pese a las numerosas investigaciones. Los árboles enfermos presentan una serie de síntomas, pero no se sabe a ciencia cierta cuál es el origen de la enfermedad. Provoca un decaimiento generalizado, que comienza con la aparición de puntisecos, amarilleo previo o atabacado de las hojas y defoliación temprana. También se pueden apreciar ramas y ramillas muertas.

Por tanto, al abanico de posibilidades pasa por una serie de agentes parásitos, los condicionantes específicos del suelo, la climatología o el abandono del manejo selvícola. O quizás sea una combinación de todos ellos.

El proceso puede provocar una muerte súbita total o parcial o un decaimiento progresivo que puede acabar con la muerte del árbol en uno o varios años.

También se sabe que los árboles envejecidos están más expuestos, así como los que tienen excesiva copa para la potencialidad del suelo o por daños previos.

Ana Espejo, ingeniera de Montes, que ha colaborado en este proyecto sobre la dehesa, recurre al símil humano. «Es como lo que le sucede a los ancianos. Cuando eres mayor eres más proclive a contraer enfermedades, como la gripe».

Otro estudio realizado en el año 2004 determinó que la seca actúa fundamentalmente en masas monoespecíficas de Quercus ilex (encinas). Los daños son más graves en focos de fácil encharcamiento respecto a otros terrenos mejor drenados.

Algunos expertos han determinado que las grandes sequías han desencadenado secas. En los suelos secos se producen las ‘muertes lentas’. En los suelos hidromorfos, encharcados en una estación y secos en otra, se producen las ‘muertes súbitas’.

Respecto a su ubicación geográfica en la región, la mayor concentración de focos se ha encontrado en la zona de la Sierra de San Pedro, especialmente en el término de Alburquerque, con 28 focos y otros adyacentes.

Le siguen en importancia la zona de las Villuercas-La Siberia, en los términos municipales de Alia y Valdecaballeros, y al sur de la provincia de Badajoz en el término de Olivenza.

Por término medio, cada foco detectado tiene una extensión de 60 hectáreas. Además, se ha llegado a la conclusión de que la superficie de cada una de ellas es inversamente proporcional al número que se ha detectado en el propio entorno.

Por último, frente a los agoreros que hablan de la muerte inminente de la dehesa, hay que recordar que se trata de un fenómeno descrito desde hace más de un siglo.

Castilblanco, 77 años después


Antes de leer esta crónica, le proponemos un entretenimiento. Saque usted sus llaves del bolsillo. Barájelas y repare en cómo algunas de ellas tienen tres letras mayúsculas grabadas en el metal: JMA. Son las iniciales de José María Aristáin, propietario de una importante fundición de Getafe donde se hacen una gran parte de las llaves que abren las puertas en España. JMA, o sea, el señor Aristáin, está comprando tierras por la zona de Castilblanco, en la Siberia extremeña. Tiene ya 12.000 hectáreas, algunas de ellas adquiridas al banquero Pablo Garnica, y sigue comprando.
De estas noticias se entera uno en el café bar Flores de Castilblanco. Hemos llegado hasta aquí en una mañana de niebla espesa y humedad intensa. Florencio, el jefe, nos prepara unas tostadas suculentas. «Son de pan del pueblo. Es muy bueno para hacer migas y tostadas. Somos 1.300 habitantes y fíjese usted que tenemos dos panaderías y una cooperativa panadera».

En el bar Flores se habla de la aceituna, de los níscalos, de la matanza… No parece preocupar mucho que JMA compre hectáreas sin parar. Ahora ya no existe el problema de la tierra, pero hace 77 años no era así. En el partido judicial de Puebla de Alcocer, al que pertenecía Castilblanco, el 68’18% de la tierra estaba en manos de grandes propietarios absentistas y una cuarta parte de los vecinos carecía de propiedad alguna.

En 1931, en este partido judicial, la edad media a la que los niños se incorporaban a las tareas agrícolas era de menos de diez años. Faltaban escuelas, sobraban tabernas y en toda la provincia de Badajoz solo había 16 casinos con una pequeña biblioteca. Estos datos, recogidos en el libro «La primavera del Frente Popular», del historiador, profesor e investigador extremeño Francisco Espinosa, dibujan la situación de Castilblanco hace 77 años.

En el bar Flores, entre café y copita para combatir el frío, los parroquianos aclaran que la situación ha cambiado sustancialmente en lo tocante a la tierra. «Las parcelas están muy repartidas entre la gente del pueblo. Todo el mundo tiene algo de olivar, de vid… Hay mucha uva, mucho níscalo, mucha aceituna, aunque este año ha venido muy malo y hay poco de todo. Esto, en la época del hambre, hubiera sido terrible».

De la agricultura vive poca gente ya en Castilblanco. La Cooperativa Olivarera San Cristóbal Mártir recoge de media un millón de litros de aceite por cosecha. «Este año la cosa no ha venido buena. Hemos cogido 600.000 litros», calcula José Luis, el presidente de la cooperativa. «En el pueblo se cuentan con los dedos de la mano quienes no tienen olivos», apunta. Pero pocos dependen de la tierra. «Muchos viven en Madrid y vienen en la época de la cosecha para recoger. Tenemos un aceite muy buena. En 2004 ganamos el primer premio al mejor aceite de oliva de la zona Siberia-Pela», se enorgullece el presidente, propietario paradigmático de Castilblanco: 40 años en la emigración en Barcelona y unas tierras en el pueblo como complemento.

Si la cosecha es buena (millón y medio de litros en 2006), venden aceite a Carbonell, pero no arriesgan demasiado con la comercialización. Es aceite para casa, fundamentalmente, y si sobra, se vende a granel, aunque envasan con la marca Monte Oliva.

Cuatro caciques

José Luis recuerda lo que le sucedía en Barcelona y en otros lugares no hace muchos años: «Decías por ahí que eras de Castilblanco y te miraban raro». ¿Pero qué pasó en Castilblanco en 1931? «Mi abuelo siempre me contó que la culpa la tuvieron cuatro caciques, que presionaron al alcalde para que saliera la Guardia Civil y luego pasó lo que pasó».

Los últimos estudios sobre la tragedia relatan que los braceros sin trabajo de Castilblanco habían realizado una manifestación. Cuando acabó, el alcalde, presionado por algunos terratenientes, mandó salir a la Guardia Civil. Hubo un forcejeo con una mujer, un campesino se interpuso, un guardia mató de un disparo al bracero y se produjo la matanza de los cuatro guardias civiles del puesto. Fueron detenidos por el ejército 50 hombres y seis mujeres. Sanjurjo, posteriormente general golpista y a la sazón director general de la Guardia Civil, declaró en Badajoz, durante el entierro de los guardias: «En un rincón de Badajoz hay un foco rifeño. (…) Yo no sabía que quedaban en España pueblos salvajes».

José Luis nos guía hasta la casa que era cuartel de la Guardia Civil en 1936. Es una humilde vivienda que aún se conserva. Después nos lleva a la Avenida de la Constitución, donde murió el jornalero y sucedió la matanza de los guardias.

Pasa una señora y saluda. Cruza un jubilado y se queja: «Tengo más frío que un perro chico». Discurre la mañana en Castilblanco. Vamos a casa de Amparo. Nos ha prometido que nos va a preparar unos dulces típicos del pueblo. Se llaman dormidos y llevan vino de pitarra, azúcar, levadura y manteca de cerdo, «aunque nosotros no la llamamos manteca, le decimos pringue».

Amparo está con su prima Aurora y su amiga Felipa. «¿Un traguito de vino? Beba, beba, si este vino no emborracha, solo agacha». Mientras amasan y dan forma a los dormidos, recuerdan la tragedia de hace 77 años. «Mire, lo de Castilblanco y lo de la guerra, aquí ha procurado olvidarse, no se habla de eso».

En Castilblanco gobierna el PP y estas tres pasteleras tienen mucha relación con el poder local. Laura, la sobrina de Amparo y Aurora, es concejala de Urbanismo y Angelines, la hija de Felipa, además de la ATS del pueblo, es teniente de alcalde. Las tres señoras repasan la lista de ricos del lugar y les salen muy pocos. Señalan emigrantes, comerciantes, albañiles, trabajadores de servicios… Una clase media que parece predominante en el Castilblanco del siglo XXI.

A ella pertenecen Honorio y Remedios, los dos queseros del pueblo. Ambos se apellidan López y son primos. Honorio elabora 30.000 kilos de queso al año y presume de hacer el único queso extremeño de leche de oveja de pasta prensada artesanal. «Es el queso de aquí de toda la vida», aclara y cuenta luego que ya en «El Practicón», de Ángel Muro, un libro de 1890, se menciona el queso de La Siberia.

«Si es que no lo valoramos, pero Extremadura y Castilla La Mancha son las regiones de España donde más variedad de quesos hay», presume Honorio. Sus quesos se comercializan con el nombre de Castilcerro y los de su prima Remedios, a quien, paradójicamente, todo el mundo conoce por La Paqui, tienen el nombre comercial de El Matorral.

Charlamos con Honorio en el bar Queen, quizás el más moderno del pueblo: buena música, muchos periódicos, pinchos elaborados, decoración moderna y una señora asturiana de Vegadeo detrás de la barra. Nos cuentan que a los de Castilblanco los llaman berceros porque los de Valdecaballeros les vendían berzas y así los motejaron. Ellos les han devuelto la pelota y llaman jabalíes a los de Valdecaballeros, se supone que por lo de la caza. Sin embargo, hay otra versión sobre el origen del gentilicio. Nos la expone la mujer de Floren, el del bar: «Es que en Valdecaballeros no tenían Cristo y nosotros les regalamos uno. Ellos, a cambio, nos trajeron coles y nos quedamos con lo de berceros».

Entre ambos pueblos fluye el río Guadalupejo, conformando un corredor ecológico que visitamos al atardecer. Patos, agua, verdor, arboledas. A la vuelta, en la dehesa El Garabato, unas damas con ‘barbours’ se detienen y charlan. Son de fuera, son terratenientes modernas, no absentistas: siembran la tierra, dan empleo, tienen cientos de ovejas. Hablan de arte, de paisaje, de sensibilidad… Algo ha cambiado.

Cae la tarde. Volvemos a casa de Aurora. Los dormidos ya han salido del horno. Están deliciosos, suavísimos y en su punto de dulzura. Han pasado 77 años desde la tragedia. Ni en el país que nunca se acaba ni en el resto de España se mira ya raro a los de Castilblanco. La historia ha puesto las cosas en su sitio y el tiempo ha borrado la tristeza. Amparo cuenta que los maestros y los médicos que llegan destinados a Castilblanco ya no se marchan y revela el secreto: «Tenemos un manantial al que llaman Fuente Vieja y quien bebe de él, no se va nunca de aquí».

Por J.R. Alonso de la Torre

La Siberia y Vegas Altas sufren el octavo atraco a un banco en un año


Un individuo que llevaba el rostro tapado atracó ayer a punta de pistola una sucursal de Banesto en Villanueva de la Serena y huyó con un botín de entre 4.000 y 5.000 euros. Un atraco, que supone el octavo de una sucursal bancaria situada en las comarcas de Vegas Altas y La Siberia en el periodo de un año.

Este robo de Villanueva tuvo lugar pasadas las 8.30 de la mañana en la oficina ubicada en el número 164 de la calle Hernán Cortés, cuando un individuo entró en la misma con el rostro cubierto y esgrimiendo una pistola, según fuentes policiales.

En concreto, el ladrón aprovechó que entraba un cliente para acceder detrás de él al banco. La Policía Nacional apunta que, tras hacerse con el botín, éste encerró en el despacho del director al único empleado y al cliente que estaban en ese momento en las instalaciones, emprendiendo posteriormente la huida a pie.

Al parecer, varios testigos de negocios de alrededor señalaron que el presunto autor del atraco vestía «un pantalón de chándal blanco con listas y un chaquetón». De hecho, poco después del suceso, un vecino de la zona vio a un individuo con chándal blanco por las inmediaciones y avisó a la Policía, pero la búsqueda fue en vano.

En la mañana de ayer, agentes de la Policía Judicial se encontraban recabando pruebas en la sucursal, de la que colgaba un cartel avisando a los clientes de que la oficina se encontraba cerrada por «motivos de organización».

Al parecer, la cámara de vídeo de la entidad bancaria captó la imagen del autor del atraco y con ella ya trabaja la Policía.

Tres, en enero

Este de Villanueva de la Serena es el octavo atraco con intimidación sufrido por entidades bancarias de las comarcas de Vegas Altas y La Siberia en un año, y el tercero en este mes. Unos datos que están generando cierta psicosis entre los empleados de banca de la zona.

Hay que recordar que el 15 de enero de este año fue un cliente el que abortó el atraco que intentaba perpetrar un individuo en la Caixa Geral de Navalvillar de Pela, al abalanzarse sobre el atracador. Fruto de ese acto heroico fue detenido por la Guardia Civil el presunto autor del robo y su compinche, que le esperaba en las inmediaciones de la entidad en un coche para emprender la huida.

El 2 de enero de este año fue la sucursal de Caja de Extremadura de la calle Juan Casado de Don Benito la que fue objeto de un robo. En esta ocasión fue un encapuchado el que, presuntamente con un arma blanca, atracó la entidad a mediodía.

Cinco, el pasado año

El 4 de diciembre de 2007 fue robada a punta de pistola la oficina de Caja Rural de Extremadura en Medellín. El suceso tuvo lugar en torno a la una del mediodía y al atracador le recogió otro que le esperaba fuera en un coche, en el que huyeron a toda velocidad. Los dos lograron llevarse varias bolsas con dinero, aunque algunas se les quedaron por el camino después de que un policía local les diera el alto disparando al aire.

Ese atraco en Medellín puso fin a varios meses sin robos bancarios, ya que, hasta entonces, el último que se recordaba era el que tuvo lugar el 19 de abril de 2007 en la sucursal de Banesto de Entrerríos. En esa ocasión los autores fueron dos tipos, también encapuchados, que huyeron en un coche. Sin embargo, sufrieron un accidente, al salirse su vehículo en una curva en la carretera que une Entrerríos con Villanueva de la Serena. Del accidente salieron ilesos y huyeron a pie, atravesando a nado el río Zújar.

No obstante, el amplio dispositivo montado por la Benemérita, que movilizó a unos cuarenta agentes, acabó con la detención de uno de los ladrones, escapando el otro del cerco policial.

El 6 de febrero de 2007 tuvieron lugar otros dos atracos el mismo día, aunque, al parecer, y según informó la Delegación del Gobierno, no tuvieron relación alguna. Por un lado, dos hombres con la cabeza cubierta atracaron a primera hora de la mañana la sucursal de Caja de Badajoz, también en la calle Hernán Cortés de Villanueva, de la que se llevaron unos 40.000 euros de botín. Los ladrones encañonaron a las empleadas con una pistola y luego se fugaron en un coche, en el que les esperaba un tercer individuo.

Poco después era un tipo con la cara cubierta con un pasamontañas el que atracaba una sucursal, también de Caja de Badajoz, en la localidad de Valdecaballeros. Éste amenazó con un cuchillo a la empleada y se llevó unos 4.500 euros, no obstante, a la media hora era arrestado tras montarse un rápido y efectivo dispositivo por parte de la Guardia Civil.

El primero de los ocho atracos citados fue perpetrado a las nueve de la mañana del 15 de enero del pasado año en una sucursal de Caja de Badajoz en La Coronada. Dos fueron los autores, uno de ellos empuñaba una pistola y el otro blandía un cuchillo. Tras el robo huyeron en un coche blanco.

En conclusión, los bancos de Vegas Altas y La Siberia se han convertido en los últimos 12 meses en un campo abonado para los ladrones. Y sólo cuatro de ellos han sido detenidos.

Peñalsordo, en la frontera de La Mancha


Sinforiana deja sobre la mesa la olla con el cocido y anima a los comensales: «Sírvanse ustedes, que yo para lo fino es que no valgo». Los garbanzos de este cocido son gloria bendita y los han cultivado en la finca El Naranjo. Aquí mismo, en Peñalsordo… Curioso nombre el de este pueblo… El cocido de Sinforiana lleva también oreja de cerdo, hueso de jamón, morcilla de lustre, en fin, lo propio en Extremadura con un añadido peculiar de estas tierras, la tortilla: un preparado a base de jamón, perejil, huevo y miga de pan que lo mismo se le echa a las habichuelas que a las lentejas o a estos garbanzos de El Naranjo.

Estamos alejados de casi todo. En Extremadura, sí, pero a más de dos horas de Cáceres y Badajoz. La Mancha queda ahí al lado, a la vuelta del Peñón Pez, un montículo insolente y poderoso en cuya cima, dicen, hay un charco en forma de pez. Peñalsordo está donde La Serena quiere ser La Siberia. Se encuentra en tierra de pantanos, a un paso del agua inabarcable.

Según el censo de 2005, cuenta con 1.343 habitantes. Esta zona suroriental de Extremadura es la que más habitantes pierde en la región. Entre 2000 y 2005, Castilblanco vio cómo su población disminuía un 17’3%, en Puebla de Alcócer caía un 14%, un 10’5% descendía en Valdecaballeros y Peñalsordo se convertía en el tercer pueblo con más descenso porcentual de la provincia: un 11’2%.

La vida por aquí nunca ha sido fácil. Basta escuchar a Sinforiana narrar su vida: «Mi madre me parió en el campo, sin ayuda ninguna. Vivíamos en la finca La Yunta, en la Casita del Águila, por la carretera de Almadén, a la izquierda después de pasar Capilla. Mis abuelos y mis padres fueron pastores de ovejas y yo viví en un chozo hasta que me casé».

Sinforiana Jiménez tiene 71 años. Su marido, Faustino Aliseda, ha cumplido los 72. Esta mañana de invierno varean juntos la aceituna de su olivar en compañía de su hija Teresa y su yerno Cándido. Después, el cocido. «Coman, coman con nosotros, ahí tienen un plato y sírvanse ustedes, que yo para lo fino no valgo». La finca tiene una casita muy apañada con chimenea y habitaciones. En una repisa, un transistor Lavis: pieza de museo. En lo alto, 300 botes de conservas caseras hechas por Sinforiana: de tomate crudo para guisar y de peras en almíbar y en agua para el postre.

«El año pasado recogimos 5.400 kilos de aceitunas, el anterior, 8.400 y este, ya veremos», detalla Faustino. Después, se acuerda de su padre, que era conductor de coches en la fábrica de harina. «Se murió muy joven, a los 28 años, del ‘mal dulce’, la diabetes. Yo tenía tres añitos. Mi madre se casó por segunda vez y a los nueve años, mi padrastro me llevó con él a trabajar de albañil. Y así hasta que me jubilé».

Sinforiana y Faustino se conocieron con 13 años, ella, y con 14, él. Aunque no hablan de conocerse. Dicen: «Nos empezamos a mirar». «Viví siempre en el campo. Solo fui un mes a la escuela, aunque escribo y leo; mal, pero lo hago», explica Sinforiana su aprendizaje de las letras antes de relatar su aprendizaje del amor: «Yo estaba en la finca haciendo queso y él vino a hacer una obra. Los mayores nos decían que íbamos para novios. En vez de reñirnos, encendían el fuego, pero solo con la mirada. Y así hasta que nos casamos a los 23 años».

Después, los hijos: Teresa, que trabaja en el ayuntamiento de Peñalsordo o de cocinera o limpiando casas… Y Faustino, trabajador social en el ayuntamiento de Badajoz. Vareando aceituna y reparando fuerzas con el cocido también está Cándido, el yerno, que es agente forestal y recuerda contar a su padre que en la posguerra iba por las casas pidiendo algo de pringue para la comida.

Años durísimos en la Extremadura alejada y fronteriza, casi manchega. Sinforiana ayudaba a la economía familiar confeccionando cojines. «Un hombre traía las telas y 100 mujeres de Peñalsordo hacíamos la costura. También cosíamos vestidos de ‘mariquita’ para las niñas».

El camino del azogue

Los hombres trabajaban de albañiles, en las huertas de la vega o en las minas de mercurio de Almadén. La mina ha marcado indirectamente la historia y la economía de Peñalsordo. Por el pueblo pasaba el camino del azogue por donde se llevaba este material y otros minerales desde Almadén hasta Córdoba y Sevilla. Siglos después, ya en el XX, el mercurio atrajo a peñalsordeños esforzados y resistentes como los Piqueras, Juan el Legionario o El Tremendo. Sus apodos lo dicen todo. Ganaban dinero porque entraban donde nadie entraba y barrenaban donde nadie barrenaba. «Eso se pagaba bien porque era arriesgado, pero no perdieron la salud aun con 80 años», se admira Cándido.

En la época del mercurio, las carreteras a Castuera, Don Benito o Badajoz eran infernales y el pueblo vivía más volcado hacia La Mancha. Los peñalsordeños iban a Almadén con la mejor fruta de sus huertas, que allí pagaban muy bien, sobre todo a primeros de mes. «En Almadén, los mineros tenían fama de gastar el diero como llegaba y aún siguen teniendo esa fama: a principios de mes, tienen mucho mercadillo, a finales, nada», ironiza Teresa.

Quien no iba a la mina ni tenía posibilidades en el pueblo, emigraba. Dicen que en Hospitalet hay más de Peñalsordo que en el propio pueblo. Hubo algo de emigración a Madrid, bastante a las ciudades extremeñas y poca o casi nada a las cercanas Córdoba y Ciudad Real. «Si es que aquí nunca nos hemos sentido andaluces ni manchegos, aunque estemos a un paso, siempre hemos sido muy extremeños», proclaman con orgullo los Aliseda.

Los vaivenes de la vida trajeron el pantano de La Serena a Peñalsordo y el fin de la abundancia a Almadén. Las minas de mercurio cerraron y las vegas feraces fueron inundadas por el pantano. Las expropiaciones se pagaron bien, pero el dinero se invirtió fuera del pueblo.

Hoy, en Peñalsordo se vive de la ganadería (muchas ovejas y algunas vacas) y de las pagas de jubilación. No hay cooperativa y la aceituna se vende en Cabeza del Buey, donde se encuentran también el centro de salud y el instituto. Las compras antes se hacían en Almadén, ahora se va más a Ciudad Real, «que ha crecido mucho», o a Don Benito, «que tardamos más o menos lo mismo».

Se quejan en Peñalsordo de que desde que han de acudir al hospital de Talarrubias, tienen problemas de combinación. «Hay que coger el coche o un taxi. Eso sí, te atienden muy bien. Pero no tenemos autobús. Sí salen a las 5’30 y a las 7’30 horas autocares a Don Benito y Badajoz y hay línea a Cáceres y Córdoba desde Cabeza del Buey, además de ferrocarril».

Peñalsordo, sin embargo, no parece estancado y, sobre todo, alberga una esperanza que puede suponer para el pueblo lo que ya supuso el camino del azogue. Se trata de la autovía de Levante, que, aseguran, pasará a un par de kilómetros del pueblo «y lo cambiará todo». Con la autovía llegará el turismo. Mientras tanto, se ha instalado un embarcadero en el pantano, pero con tan mala fortuna o visión que los pantalanes se han colocado en una zona de poco calado y las barcas encallan.

A la entrada de la localidad hay una fábrica de jamones y en el polígono industrial funcionan tres industrias o almacenes. Cuenta Peñalsordo con tres bancos y dicen que en el pueblo solo hay cuatro o cinco grandes capitales, aunque lo de Afinsa ha hecho mucho daño. «Ha enganchado a mucha gente», lamenta Faustino.

Opina Sinforiana que en el pueblo, antes, había más diferencias sociales. «Se notaba mucho quién era rico o pobre por el vestir. Además, en los bailes de La Paloma y ‘An C’a Villalón’ los medio ricos se apartaban de nosotros, de los medio pobres».

Hoy, los Aliseda no son ricos, pero sí se han convertido en un ejemplo de familia rural extremeña que progresa a base de esfuerzo. La abuela nació en un chozo y el abuelo era albañil a los nueve años, pero la vida de sus nietos es muy diferente. Faus, el varón, es técnico de sonido y trabaja en productoras de televisión, además de ser un reconocido Dj extremeño.

Su hermana Ana Isabel estudia Trabajo Social en Sevilla. María Teresa, la hija mayor de Teresa y Cándido es educadora social y Diana, la menor, sacó Matrícula de Honor en Bachillerato y hace Fisioterapia en Badajoz. Además, las dos han sido reinas de las fiestas de Peñalsordo. Sinforiana ofrece cocido y avisa humilde: «Sírvanse, que yo para lo fino es que no valgo». Pero en su mirada brilla un orgullo de familia.

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